“La visita del Obispo, Monseñor José Vicente Conejero
Gallego a la sede de TECNICOOP,un gesto que trasciende el tiempo institucional”
La reciente Vigilia Pascual en la Catedral de Formosa no fue una ceremonia más: marcó el inicio del cierre de un ciclo histórico. Monseñor José Vicente Conejero Gallego, tras casi tres décadas al frente de la diócesis, anunció su renuncia al cumplir los 75 años, conforme al Derecho Canónico.
Sin embargo, más allá del hecho
institucional, emerge con fuerza el valor de su legado humano: una forma de
ejercer la autoridad basada en la humildad y la cercanía.
En tiempos donde las jerarquías suelen
distanciarse de los territorios reales, la figura de Conejero Gallego deja una
enseñanza clara: la autoridad auténtica se construye desde el encuentro.
Así lo testimonia José Yorg, referente de
TECNICOOP, quien recuerda un hecho tan sencillo como revelador: la visita personal
del Obispo a la sede de la organización cooperativa.
“No fue un gesto protocolar —rememora—,
fue una enseñanza viva: servir sin creerse superior”.
Ese acto, inesperado para muchos, se
convierte hoy en símbolo de lo que puede definirse como humildad social: la
capacidad de reconocer al otro como sujeto válido, acortando distancias y
construyendo comunidad.
Papa Francisco y la economía social
Durante su última homilía, el Obispo
cuestionó la superficialidad del consumo moderno y convocó a una vida
espiritual más auténtica. Pero su mayor coherencia estuvo en haber llevado ese
mensaje a la práctica.
Su acercamiento a espacios como TECNICOOP,
en el marco de procesos impulsados por el CELAM y en sintonía con el pensamiento
del Papa Francisco sobre economía social, revela una Iglesia cercana a los
luchadores sociales, comprometida con el bien común.
La despedida de Monseñor Conejero Gallego
no debería leerse solo como un relevo institucional. Es, sobre todo, una oportunidad
para recuperar y proyectar un tipo de liderazgo hoy escaso: el que se ejerce
desde la sencillez, el diálogo y el servicio.
En ese gesto —el de caminar hacia el otro—
reside una enseñanza profunda para la Iglesia, pero también para la política y
la organización social de nuestro tiempo.