“Cuando un alumno es feliz en la escuela y en el aula,
nos aseguramos de que ame el estudio, el esfuerzo propio y la ayuda mutua”.
En
momentos en que organismos internacionales como la UNESCO y el Grupo de Trabajo
Internacional sobre Docentes para la Educación 2030 llaman a fortalecer la
profesión docente —cuidando su bienestar, su autonomía y su agencia pedagógica—
resulta imprescindible visibilizar aquellas prácticas que, lejos de los
discursos declamativos, ya materializan esos principios en la vida cotidiana de
las aulas.
En la provincia de Formosa, la labor
pedagógica desarrollada por Ramírez Zarza y José Yorg constituye un ejemplo
elocuente de que otra forma de enseñar —más humana, cooperativa y socialmente
comprometida— no solo es posible, sino necesaria.
La pedagogía de la alegría como cambio de paradigma.
Esta experiencia, denominada “Pedagogía de
la Alegría”, coloca deliberadamente la felicidad del estudiante en el centro
del proceso educativo, no como un elemento accesorio, sino como el eje desde el
cual se construye el conocimiento.
Parte de este enfoque fue compartido
recientemente en una extensa entrevista radial, donde ambos educadores
explicaron que la alegría, el bienestar y el sentido de pertenencia no son
concesiones sentimentales, sino condiciones pedagógicas profundas que potencian
el aprendizaje, el compromiso y la cooperación.
Desde una perspectiva cooperativa, Yorg y
Ramírez Zarza sostienen que la escuela y el aula deben ser espacios de
reconocimiento y cuidado, donde la motivación surge del vínculo humano y de la
experiencia compartida. En ese marco, la alegría opera como una estrategia educativa
transformadora, capaz de despertar el amor por el estudio, el esfuerzo propio y
la ayuda mutua.
Un enfoque alineado con la agenda educativa global.
En este Día Internacional de la Educación,
que se celebra cada 24 de enero, la UNESCO reafirma la educación como derecho
humano fundamental y responsabilidad colectiva. Para la conmemoración de 2026,
el organismo internacional convocará un evento híbrido mundial en su sede de
París el 23 de enero, bajo el lema “El poder de la juventud en la cocreación de
la educación”, destacando el rol activo de estudiantes y jóvenes en la
construcción de políticas y prácticas educativas.
En este contexto global, la experiencia
formoseña dialoga de manera directa con los desafíos planteados por la Agenda
Educación 2030, al demostrar que la centralidad del estudiante y la dignidad
del rol docente no son consignas abstractas, sino prácticas posibles y
sostenidas en el tiempo.
Un puente educativo hacia la Universidad.
La trayectoria de la profesora Ana María
Ramírez Zarza ha trascendido el nivel primario para proyectarse con fuerza en
el ámbito universitario. Como docente de la carrera de Contador Público en la
FAEN–UNaF (Facultad de Administración, Economía y Negocios), ha logrado
articular de manera virtuosa la experiencia escolar con la formación superior.
Este verdadero “puente educativo” permite
que los estudiantes visualicen su futuro profesional desde una base de
confianza, respeto y calidez humana, reduciendo significativamente la brecha
entre los distintos niveles del sistema educativo y fortaleciendo las
trayectorias académicas.
Un aporte desde el territorio
En este 24 de enero, reconocer y difundir
experiencias como la impulsada por Ana Ramírez Zarza y José Yorg no es un gesto
localista, sino un aporte concreto desde el territorio formoseño al debate
educativo global. Una demostración palpable de que la educación con alegría,
humanidad y cooperación no solo es deseable, sino profundamente transformadora.
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