jueves, 22 de enero de 2026

Aporte formoseño al Día Internacional de la Educación (24 de enero)-Desde Formosa, la “Pedagogía de la Alegría” con rostro humano dialoga con el mundo.

 

“Cuando un alumno es feliz en la escuela y en el aula, nos aseguramos de que ame el estudio, el esfuerzo propio y la ayuda mutua”.

En momentos en que organismos internacionales como la UNESCO y el Grupo de Trabajo Internacional sobre Docentes para la Educación 2030 llaman a fortalecer la profesión docente —cuidando su bienestar, su autonomía y su agencia pedagógica— resulta imprescindible visibilizar aquellas prácticas que, lejos de los discursos declamativos, ya materializan esos principios en la vida cotidiana de las aulas.

 


En la provincia de Formosa, la labor pedagógica desarrollada por Ramírez Zarza y José Yorg constituye un ejemplo elocuente de que otra forma de enseñar —más humana, cooperativa y socialmente comprometida— no solo es posible, sino necesaria.

La pedagogía de la alegría como cambio de paradigma.

Esta experiencia, denominada “Pedagogía de la Alegría”, coloca deliberadamente la felicidad del estudiante en el centro del proceso educativo, no como un elemento accesorio, sino como el eje desde el cual se construye el conocimiento.

Parte de este enfoque fue compartido recientemente en una extensa entrevista radial, donde ambos educadores explicaron que la alegría, el bienestar y el sentido de pertenencia no son concesiones sentimentales, sino condiciones pedagógicas profundas que potencian el aprendizaje, el compromiso y la cooperación.

Desde una perspectiva cooperativa, Yorg y Ramírez Zarza sostienen que la escuela y el aula deben ser espacios de reconocimiento y cuidado, donde la motivación surge del vínculo humano y de la experiencia compartida. En ese marco, la alegría opera como una estrategia educativa transformadora, capaz de despertar el amor por el estudio, el esfuerzo propio y la ayuda mutua.

Un enfoque alineado con la agenda educativa global.

En este Día Internacional de la Educación, que se celebra cada 24 de enero, la UNESCO reafirma la educación como derecho humano fundamental y responsabilidad colectiva. Para la conmemoración de 2026, el organismo internacional convocará un evento híbrido mundial en su sede de París el 23 de enero, bajo el lema “El poder de la juventud en la cocreación de la educación”, destacando el rol activo de estudiantes y jóvenes en la construcción de políticas y prácticas educativas.

En este contexto global, la experiencia formoseña dialoga de manera directa con los desafíos planteados por la Agenda Educación 2030, al demostrar que la centralidad del estudiante y la dignidad del rol docente no son consignas abstractas, sino prácticas posibles y sostenidas en el tiempo.

Un puente educativo hacia la Universidad.

La trayectoria de la profesora Ana María Ramírez Zarza ha trascendido el nivel primario para proyectarse con fuerza en el ámbito universitario. Como docente de la carrera de Contador Público en la FAEN–UNaF (Facultad de Administración, Economía y Negocios), ha logrado articular de manera virtuosa la experiencia escolar con la formación superior.

Este verdadero “puente educativo” permite que los estudiantes visualicen su futuro profesional desde una base de confianza, respeto y calidez humana, reduciendo significativamente la brecha entre los distintos niveles del sistema educativo y fortaleciendo las trayectorias académicas.

Un aporte desde el territorio

En este 24 de enero, reconocer y difundir experiencias como la impulsada por Ana Ramírez Zarza y José Yorg no es un gesto localista, sino un aporte concreto desde el territorio formoseño al debate educativo global. Una demostración palpable de que la educación con alegría, humanidad y cooperación no solo es deseable, sino profundamente transformadora.

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