“Si no
sabés cooperar, estás condenado a ser empleado expoliado o vendedor de
baratijas”
El
educador social José Yorg cuestionó la mirada meramente romántica del
cooperativismo y lo ubicó como una herramienta concreta de supervivencia
económica y organización social frente al actual contexto de crisis productiva.
José Yorg rompió deliberadamente con la estética “romántica” con que muchas veces suele presentarse al noble cooperativismo para colocarlo en el plano de la supervivencia económica y política que atraviesan amplios sectores del pueblo.
En ese
sentido, y al referirse al impacto de las políticas neoliberales del gobierno
nacional —que, según afirmó, provocan el desmantelamiento industrial y la
crisis de las pequeñas y medianas empresas— Yorg advirtió con crudeza:
“Si no sabés cooperar, estás condenado a ser empleado expoliado o vendedor de
baratijas”.
El
educador sostuvo que, en el actual contexto de pobreza y marginación social, el
cooperativismo se transforma en una verdadera herramienta de “legítima
defensa económica y social del pueblo”.
Al
profundizar su reflexión, explicó que “quien no sabe organizarse
colectivamente, lastimosamente sólo puede ofrecer su fuerza de trabajo barata
—como empleado expoliado— o su desesperación individual, como ocurre con
quienes sobreviven en la economía de subsistencia”.
La escuela como espacio estratégico
Yorg
subrayó que la introducción del cooperativismo en el sistema educativo
constituye una medida pedagógica inteligente y de alto valor social.
“La
omisión de la enseñanza del cooperativismo en las escuelas representa, cuanto
menos, una falta de visión estratégica en materia educativa, toda vez que sus
beneficios pedagógicos y sociales son ampliamente reconocidos”, afirmó.
En ese
marco, el educador planteó un interrogante que, según indicó, busca “romper la
ignorancia instalada y abrir un debate necesario en la sociedad”:
¿Cuáles
son los beneficios pedagógicos del cooperativismo escolar?
Al
respecto, explicó que los beneficios pedagógicos del cooperativismo escolar son
múltiples, ya que constituye una modalidad educativa teórico-práctica
con un eje formativo integral e integrador de las distintas disciplinas
escolares.
Este
enfoque permite abordar el proceso de enseñanza-aprendizaje mediante una
herramienta didáctica concreta: la cooperativa escolar, espacio en el
cual los estudiantes pueden vivenciar y aplicar en la práctica los contenidos
trabajados en el aula.
De este
modo, la cooperativa escolar se convierte en un verdadero laboratorio
pedagógico, donde los conocimientos dejan de ser meramente abstractos para
adquirir sentido real a través de la organización, la responsabilidad
compartida, la toma de decisiones colectivas y el trabajo solidario.
Finalmente,
Yorg remarcó que el cooperativismo escolar no sólo fortalece los aprendizajes
académicos, sino que también contribuye a formar ciudadanos capaces de pensar,
organizarse y actuar colectivamente, valores indispensables para la vida
democrática y la construcción de una sociedad más justa.
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