“No iniciamos las clases desde
una supuesta normalidad, sino desde la convicción cooperativa, que constituye
hoy nuestra forma ética y pedagógica de resistir el desmantelamiento de los
derechos fundamentales de los trabajadores”.
En el marco del inicio del ciclo
lectivo 2026, atravesado por un contexto nacional de incertidumbre ante la
sanción de normas que impactan negativamente en el salario y las condiciones de
la vida, el educador social José Yorg reafirmó que “como maestro me corresponde
defender el aula como un espacio de resguardo de la cooperación social y del
pensamiento crítico”.
Con una reflexión de carácter filosófico-político, Yorg sostuvo que “las puertas de la escuela no se abren únicamente para dar cumplimiento a un calendario administrativo. Se abren como un gesto de afirmación institucional en un escenario signado por la desfinanciación estatal y por discursos que desvalorizan la educación pública y la tarea docente”.
Asimismo,
expresó que “los educadores asumimos que nuestra responsabilidad primordial es
garantizar el derecho de nuestros estudiantes a una educación integral: a
pensar con autonomía, a ejercer la duda razonada y a reconocerse parte de una
comunidad que los acoge con respeto y compromiso”.
La pedagogía de la alegría como acto
político-pedagógico
“El aula
—señaló Yorg— es uno de los pocos espacios donde aún es posible el encuentro
genuino con el otro para construir sentido compartido. Allí nace el
compañerismo como práctica social concreta. Por ello, la resistencia
cooperativa no es un gesto declamativo, sino una necesidad histórica y
pedagógica”.
Finalmente,
subrayó: “No comenzamos el año escolar desde la inercia, sino desde una
convicción: la cooperación es nuestra herramienta de defensa y de
transformación. Desarrollar la pedagogía de la alegría significa enseñar y
aprender juntos, sosteniendo la dignidad del trabajo docente y el derecho
social a la educación”.
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