“El
"ñembotavý pedagógico" aporta una mirada profundamente humana,
política y cultural que urge incorporar al debate actual sobre la salud de los
trabajadores de la educación”.
Recientemente el educador social e
investigador José Yorg sorprendió con su respuesta ante una pregunta periodística:
Frente al incremento de la burocracia neoliberal de Nación con planillas
estadísticas y demás que abruman al docente ¿Bajo qué ley defenderá la gestión pedagógica?
Respondió “con la ley del ñembotavy”. Esta respuesta ha desatado curiosidad, aceptación,
desconcierto y desacuerdo. En un nuevo comunicado amplió su respuesta.
“Mi
tesis es clara y categórica: El ÑEMBOTAVÝ constituye la última frontera de autodefensa del ser humano enseñante
frente al estrés traumático provocado por la burocracia educativa neoliberal porque
aporta una mirada profundamente humana, política y cultural que urge incorporar
al debate actual sobre la salud de los trabajadores de la educación”.
Reiteró
Yorg en forma categórica “No se trata de
un problema individual. No es una debilidad del docente. Es una respuesta
humana ante una organización del trabajo que ha invertido el orden natural de
la educación”.
Las causales profundas.
“Desde
la década menemista de los 90, la burocracia educativa ha ido ocupando el
espacio de la pedagogía. El tiempo destinado a enseñar fue reemplazado por
planillas, registros, informes, plataformas, estadísticas, protocolos y
controles permanentes. El maestro dejó de ser considerado un profesional del
acto educativo para convertirse, muchas veces, en administrador de exigencias
ajenas a su misión”.
“Las
consecuencias son evidentes: burocracia excesiva; pérdida de la autonomía
pedagógica; agotamiento administrativo; alienación del trabajo docente; deterioro
de la salud psíquica del educador”.
“No
estamos ante una curiosidad lingüística. Estamos ante una categoría cultural
que expresa una profunda comprensión de la naturaleza humana. Cuando la presión
institucional supera los límites de la resistencia, emerge una respuesta
destinada a proteger la integridad psíquica de la persona para que pueda
continuar viviendo y enseñando”.
“Por
ello afirmo que el ÑEMBO constituye una forma de legítima defensa pedagógica. Es
la reserva interior desde la cual el educador protege aquello que ninguna
burocracia debería destruir: su capacidad de enseñar, de pensar, de crear y de
mantener su equilibrio emocional”, concluyó,
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